Como elijo el abordaje de una terapia

Cuando estudias masajes (tailandés, ayurveda, quiromasaje, u otros), aprendes unas técnicas de copia y pega, para aplicar a todo tipo de persona, haciendo lo mismo en los dos lados: derecho e izquierdo.

Repites una y otra vez las mismas secuencias, prestando atención a la postura de tu cuerpo y a la distribución de tu peso. De hecho esto es lo que te permiten evolucionar en la práctica. La técnica del masaje es secundaria. De primaria importancia es como se siente el masajista, como siente la conexión con sus propios tejidos conectivos.

Los tejidos conectivos no tienen padrón como tal, su función es conectar y si están bien entrenados, pueden conectar con cualquier otro tejido conectivo.

Personalmente creo que si eres masajista, es indispensable que sepas darte un automasaje, llegando a soltar tensiones con presiones profundas y respiración consciente, así como explico en el manual de automasaje Estilo Thai.

Esta disciplina es muy útil para afinar la sutil sensación de los movimientos tisulares, lo que se conoce como consciencia corporal. Una experiencia maravillosa, que bien practicada expande la propia capacidad conectiva, aportando un mayor entendimiento de las mejoras que vive el paciente durante un masaje!

Gracias a la conectividad de las fascias, sabemos que es posible empatizar con los efectos que recibe el paciente durante un tratamiento. El tejido fascial es una red entramada que amplifica y expande la información electro-química. Cuanta más soltura tenemos en nuestro cuerpo, cuanta menos protección mantenemos activa en nuestras articulaciones, tanto más aumenta la receptividad de este tejido. Sin olvidar que las fascias resetean y actualizan su información a cada ciclo respiratorio, como si dicha información pasara directamente a las partículas en el aire, alcanzando e informando cualquier ser vivo del estado universal de la vida en el entorno.

Podemos afirmar que algo mágico ocurre durante un masaje, algo que anula nuestro centro y nos conecta con el resto del Yo: el otro, el entorno y el Cosmo entero.

Quizá sea por la enorme capacidad de empoderamiento, que hoy en día se intenta desacreditar las terapias manuales, consideradas como tratamiento alternativo (alternativo a qué cosa?).

En mi opinión hay mucho riesgo de una revolución cultural y existencial, si todos llegaríamos a comprobar que la individualidad, osea la identificación con un punto de vista propio, no va en linea con la naturaleza, no es orgánico y por ende no nos pertenece. Apoderar la sociedad de esta información: el origen de cualquier enfermedad viene por la desconexión con el todo, de la separación del Yo, implica un cambio de paradigma demasiado grande por las fuerzas políticas de ahora.

Solemos creer que la persona que tengo en frente termina a su ultima capa de piel, y lo que no llego a tocar no es parte de mi. Lo que no toco se pone en otro plan, se habla de sensaciones, percepciones, energías, imaginación… como si fueran cosas externas a la persona misma.  Las terapias manuales justamente desarrollan una consciencia a partir del tacto como puerta de entrada a todo lo que hace siglos se consideraba como brujería. Digo «hace siglos» pero en realidad esta ignorancia es mas que actual… como puedes ver en este vídeo sobre las pseudoterapias(!)

 

Lo que me atrajo del masaje tradicional tailandés es su base budista de impermanencia, insustancialidad y atemporalidad. Creo que es una buena filosofía de base para cualquier terapeuta para desprenderse de la idea de tener que curar o sanar.

Yo creo en el bienestar, un concepto fácil de entender: un pacientes que acude a una consulta está bien. Él está tan bien que se cuida porque ha entendido el valor de estar bien, y así sigue hasta que esté.

¿Entonces como lidiar con el abordaje de una patología, dolor o molestia, osea el motivo por el cual el cliente entra en una consulta?

Pensando en mis maestros, las respuestas a esta pregunta llegarían con cualquier disparo…

Arjan Pichest Boonthumme me hubiera pegado en la cabeza con su bastón unas cuantas veces por escribir todo esto. Jane hubiera apuntado al centro de mi pecho, recordándome que el corazón es el primer cerebro. Carlos, igual. Roland suele contestar: «if you want…«, y luego da a entender que las fascias son las guían hacia la origen del problema. De forma parecida, David hablaría de las tensiones reciprocas. Vale, daría un test mecánico-postural. Antonio sería mas incline a una buena escucha de la motilidad orgánica.

Es la misma confusión que ilumina el camino, es la Entropía que gestiona las mareas y viceversa.

Por marea entiendo cualquier movimiento cíclico que genera un cambio: energía, movimiento, residuos.

A la hora de entrar en la consulta, yo como «terapeuta» ya estoy en alguna marea que define mi estado. Puedo estar en una marea alta y estar muy receptivo, un canal abierto, sensitivo, abierto a la improvisación, conectado a mis tejidos, y a mi inconsciente colectivo. Puedo estar en una marea baja: confiado, esquemático, directo, técnico, convencido de quien soy y fuerte con lo que tengo. También puedo estar en una fase de cambio: dudoso, removido, sensible, confuso y despistado tal vez.

La persona que entra en la consulta, el «paciente», también estará en una de estas 6 fases (marea alta, marea baja, cambio desde la alta, cambio desde la baja, cambio hacia la alta, cambio hacia la baja).

Todos, siempre estamos en una de estas fases, así como la luna, así como las olas, así como las estaciones, así cada energía va, irradia, vuelve, compacta, crea y evoluciona.

El resultado de una terapia depende únicamente de la afinidad entre las mareas que entran en contacto. Pueden reforzarse, equilibrarse o chocar tal vez. Así como en una danza entre sordos, la música se va creando desde un lugar inesperado con resultados sorprendentes muchas veces.

Este es mi abordaje a una terapia. Muchas veces me equivoco. Otras veces percibo los buenos resultados ya cuando le abro la puerta al cliente o tan solo le contesto al teléfono.

Hay veces que la misma percepción es tan presente que genera una expectativa consciente. En estas ocasiones el rumbo de las mareas cambia improvisamente, llegando a fracasar en grande.

Es fundamental respetar las varias esferas de la consciencia. Si algo ocurre en un estado mas sutil, no puede ser interpretado desde el neocortex, osea la parte mas superficial del intelecto.

Cuando queremos encajar con modelos ya establecidos, el moto de las mareas cesa de existir, y las terapias siguen el protocolo. Ningún ser humano se beneficia de ello, solamente la política, las instituciones, el mercado económico, y en general todas las ilusiones que hemos creado por miedo a vivir en plenitud.

Estar bien presupone dejar de creer en los Estados…

 

 

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