Enseñar es recordar. Aprender es desprenderse.

Cuántas veces has escuchado hablar de Ego, de los problemas que comporta sostenerlo y miles de consejos sobre como apartarlo. Seguramente alguien te ha dicho por lo menos una vez que meditar te puede ayudar a estar más sereno o que el yoga te va a ir muy bien.

Cuántos gurús, sabios, filósofos, líderes, catedráticos, científicos, premios nóbel, ídolos y maestros te han enseñado lo que te puede hacer feliz?

¡Deja de escuchar a los demás! ¡Rompe cualquier regla que no sea la tuya! ¡No existe ninguna célula que sea igual a otra!

Acuérdate de la primera y última vez en que alguien, con todas las buenas intenciones, te ha indicado la recta vía, el camino para estar bien.

No existe una primera vez.

Tu madre te ha criado desde que eras embrión haciendo lo mejor para ti, comiendo lo mejor para que te formase sano, relajándose en sus momentos de alteraciones emocionales para no transmitirte malas energias. Todavía antes que eso, eras una posibilidad cuántica de vida en tu padre y tu madre, y los dos ya actuaban según cuanto les habían enseñado que era lo mejor para ellos.

Llevo tiempo razonando más que practicando. Intentando comprender cual era mi camino. Haciendo deporte desde que era pequeño. Habré comido en el Mc Donald’s dos o tres veces en toda mi vida. He crecido con valores de un buen boy-scout, hasta fui Misionero católico, y todavía veía la felicidad como un momento que viene y que va.

Algo que he aprendido de Arjan Pichest Boonthumme, un hombre leyenda en Tailandia por salvar vidas como terapeuta corporal y como persona, en la misma línea solamente de Jiddu Krishnamurti, es que no se aprende de nadie, solo se descubre de uno mismo con mucha práctica y disciplina lo que ya sabes.

Nuestra vida es una perfusión de energías cósmicas y llevamos un legado genético de inteligencia emocional. No hay nada que comprender, somos la creación y somos creadores. No es la felicidad a lo que aspiramos por nuestra verdadera naturaleza. No aspiramos a nada. Somos. Existimos y constantemente evolucionamos.

¿Te preguntas hacia dónde? ¿Cómo? ¡Hacia lo infinito, hacia la Eternidad!

Si no te satisface como respuesta, deja la pregunta. Disfruta tu interioridad y practica cada día con disciplina algo que apague tu cabeza y abra tu corazón.

No lo compartas, que lo vas a perder. Mira a los ojos y sonríe, que el que quiera lo tendrá.

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